Periódico ABC

Última Hora
  1. El miedo escénico suele ser frecuente entre deportistas y artistas. El famoso tenor italiano Andrea Bocelli confesaba recientemente que sufre ataques de pavor cuando se acerca el momento de salir a escena. Pero pocas veces hemos visto un caso tan llamativo de miedo escénico como el de Albert Donaire, el mosso independentista que declaró ayer en el Supremo a instancias de la acusación popular. Donaire había denunciado en las redes «el juicio farsa» y había prometido «destapar las vergüenzas» del tribunal. «No me harán callar ni dar un paso atrás», había dicho este mosso, que cuenta con 50.000 seguidores en Twitter y se ha convertido en una de las referencias del independentismo catalán. Había anunciado antes de la consulta ilegal que no estaba dispuesto a requisar ni una sola urna y que no dudaría en desobedecer los mandamientos judiciales. «Espero que todo el mundo tenga claro a quien soy leal», subrayó entonces. Ayer entró en la sala pisando fuerte y con pinta de querer comerse a los jueces. Empezó respondiendo en catalán a Marchena en un tono en el que se percibía una mezcla de desprecio y chulería. Y a la primera pregunta del letrado de Vox, contestó: «Diría que yo no soy el que es juzgado aquí». Marchena apenas tardó unas décimas de segundo en reaccionar, advirtiendo a Donaire que estaba en un tribunal de justicia y que tenía la obligación de comportarse como agente de la autoridad. «No confunda usted el escenario, usted ha sido citado como testigo», le recriminó con severidad. Las palabras de Marchena obraron el milagro porque, desde ese momento, el tigre se convirtió en un cordero que respondió mansamente a todas las preguntas. «Perfecto», exclamó tras escuchar la bronca del magistrado. El mosso que había prometido cantar las cuarenta al tribunal y poner en su sitio a la Justicia española ya no se acordaba de sus tuits ni de sus apelaciones incendiarias a combatir al Estado. Incluso llegó a afirmar que su apoyo a la consulta del 1-O se produjo antes de que el Constitucional la prohibiera, algo que es rigurosamente falso. Albert Donaire, socio de ANC y Omnium que se presenta en su perfil como «un luchador por la República», demostró lo poco que pesan sus convicciones cuando tiene que defenderlas ante un tribunal. Donaire careció de donaire, que, según el diccionario, es la gracia o gallardía en la forma de hablar. Este Donaire sin donaire fue caricaturizado tras su comparecencia de forma implacable en las redes, donde le compararon con la popular figura del «caganer» navideño. Difícil va a tener de ahora en adelante jactarse de su valor en la barra de un bar y ante sus vecinos porque ayer se cagó de miedo en un escenario lleno de símbolos que evocan el peso de la Justicia, representada en un fresco del techo de la sala. El temor es un sentimiento humano, pero no hay nada más ridículo que presumir de ser un héroe y luego mostrarse como un conejo cuando las cosas vienen mal dadas. Cobardes hay en todas las causas, pero desde luego muchos de los que incitaron a las masas a desobedecer la ley en Cataluña están mostrando su verdadero rostro en este proceso. ¡Que vergüenza! Pero pocas veces hemos visto un caso tan llamativo de miedo escénico como el de Albert Donaire, el mosso independentista que declaró ayer en el Supremo a instancias de la acusación popular. Donaire había denunciado en las redes «el juicio farsa» y había prometido «destapar las vergüenzas» del tribunal. «No me harán callar ni dar un paso atrás», había dicho este mosso, que cuenta con 50.000 seguidores en Twitter y se ha convertido en una de las referencias del independentismo catalán. Había anunciado antes de la consulta ilegal que no estaba dispuesto a requisar ni una sola urna y que no dudaría en desobedecer los mandamientos judiciales. «Espero que todo el mundo tenga claro a quien soy leal», subrayó. Ayer entró en la sala pisando fuerte y con pinta de querer comerse a los jueces. Empezó respondiendo en catalán a Marchena en un tono en el que se percibía una mezcla de desprecio y chulería. Y a la primera pregunta del letrado de Vox, contestó: «Diría que yo no soy el que es juzgado aquí». Marchena apenas tardó unas décimas de segundo en reaccionar, advirtiendo a Donaire que estaba en un tribunal de justicia y que tenía la obligación de comportarse como agente de la autoridad. «No confunda usted el escenario, usted ha sido citado como testigo», le recriminó con severidad. Las palabras de Marchena obraron el milagro porque, desde ese momento, el tigre se convirtió en un cordero que respondió mansamente a todas las preguntas. «Perfecto», exclamó tras escuchar la bronca de Marchena. El mosso que había prometido cantar las cuarenta al tribunal y poner en su sitio a la Justicia española no se acordaba de sus tuits ni de sus apelaciones incendiarias a combatir al Estado. Incluso llegó a afirmar que su apoyo a la consulta del 1-O se produjo antes de que el Constitucional la prohibiera, algo que es rigurosamente falso. Albert Donaire, socio de ANC y Omnium que se presenta en su perfil como «un luchador por la República», demostró lo poco que pesan sus convicciones cuando tiene que defenderlas ante un tribunal. Donaire careció de donaire, que, según el diccionario, es la gracia o gallardía en la forma de hablar. Este Donaire sin donaire fue caricaturizado tras su comparecencia de forma implacable en las redes, donde le compararon con la popular figura del «caganer» navideño. Difícil va a tener de ahora en adelante jactarse de su valor en la barra de un bar y ante sus vecinos porque ayer se cagó de miedo en un escenario lleno de símbolos que representan el peso de la Justicia. El temor es un sentimiento humano, pero no hay nada más ridículo que presumir de ser un héroe y luego mostrarse como un conejo cuando las cosas vienen mal dadas. Cobardes hay en todas las causas, pero desde luego muchos de los que incitaron a las masas a desobedecer la ley en Cataluña están mostrando su verdadero rostro en este proceso. ¡Que vergüenza!
  2. El incumplimiento más flagrante del Gobierno de Pedro Sánchez en materia de Interior ha sido la no modificación de la Ley de Seguridad Ciudadana de 2015. El adelanto de las elecciones a este próximo 28 de abril convertía en papel mojado los avances que para la reforma de esa normativa se habían llevado a cabo en el marco de una ponencia parlamentaria en la que, por otro lado, los socialistas no pelearon por liquidar «los aspectos más restrictivos» del articulado -tal y como venían prometiendo años atrás- y prueba de ello es que, tras las discusiones habidas a puerta cerrada, se había decidido que difundir imágenes de agentes que les expusiera a «riesgos» siguiera constituyendo una infracción. Los cacheos integrales en la calle justificados por razones de seguridad también continuaban en el texto. De aquello de «derogar» la ley de Seguridad con lo que el PSOE se ganó tantos titulares de alto voltaje propagandístico, ni rastro. El PP, la única fuerza en la Cámara Baja que no apostaba por desguazar el articulado, se sorprendió de la poca beligerancia que mostraron cuando llegó la hora de ponerse a retocar la norma los socialistas, e incluso Podemos. Mas espasmódicos han sido las reacciones de los populistas al denunciar ante las cámaras otro de los incumplimientos de este mandato adscritos al ámbito de Interior, como ha sido el desistimiento en los intentos por retirar las condecoraciones pensionadas al ex inspector de la Brigada Político Social Juan Antonio González Pacheco, alias «Billy el Niño». Asignaturas pendientes Esta semana, Pablo Iglesias volvía a reprocharlo ante la apertura de una fosa común en Paterna (Valencia). A esa asignatura que le ha quedado pendiente al Ejecutivo se suman otras, de gran calado, por ejemplo, la de encallar dentro de la hoja de ruta para la equiparación salarial de Policía Nacional y Guardia Civil con los Mossos D´Esquadra, que prevé un segundo tramo de subido en este 2019 que todavía no ha llegado a las nóminas. El Ministerio ha dicho que se reflejará en la de abril lo que significa que, con un poco de agilidad, los funcionarios de los Cuerpos afectados podrían ir el domingo de los comicios a las urnas con un esperado plus en sus sueldos. No obstante, la reciente entrevista realizada al Papa en un programa de La Sexta, en la que se preguntaba Benedicto XVI por las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla, ha traído al filo del comienzo de la campaña electoral otro incumplimiento, el de la retirada de los alambres de cuchillas de las fronteras con Marruecos, que fue anuncio rutilante del entonces recién llegado ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, el 14 de junio de 2018, una semana después de que tomara posesión de la cartera. «Haré todo para que las concertinas puedan ser retiradas», dijo en Onda Cero, y avanzó que iba a pedir «un informe complementario». El 23 de febrero, en su primera visita a Ceuta, indicó que el inicio de los trabajos era cuestión de semanas. Pero «no se ha hecho nada. Nada. Las concertinas siguen en su sitio, tal como estaban», confirmaba ayer a este diario una fuente bien informada de la Ciudad Autónoma, que especula con la idea de que en realidad se está esperando a que Marruecos termine una «una alambrada de contención» que estaría levantando en su suelo, en paralelo a la valla española, y que es visible a la altura de la conocida como Finca Berrocal, el tramo más vulnerable de la frontera. Fuentes del Ministerio del Interior negaron en su día a ABC que existiera tal proyecto compartido con Rabat e informaron de que únicamente se trataba de una infraestructura que el país vecino estaba instalando para proteger perimetralmente diversos puestos militares y policiales de vigilancia cercanos al límite con España. Los alambres de cuchillas fueron colocados en las vallas de Ceuta y Melilla en 2005, tras un verano de avalanchas de inmigrantes. Marlaska se marcó como prioridad buscar unos elementos «menos cruentos» con los que sustituirlos y, tras el que fue su primer viaje a Marruecos a finales de junio, tuvo que añadir a su discurso la precisión de que lo nuevo ofrecería «igual o más seguridad» que lo que se pretende retirar. En principio, la empresa pública Ingeniería de Sistemas para la Defensa de España (Isdefe) se está ocupando de realizar los estudios necesarios, sobre los que el Ministerio solo comenta mes tras mes que están «a punto» de concluirse. Nada se sabe de ellos. «Ya se está en el trámite de la aprobación de la modificación perimetral, en la redacción final del proyecto y seguidamente se procederá a la licitación, porque también lleva la colocación de unas cámaras de seguridad o un centro de control», explicó el ministro el pasado lunes. Sobre el papel, el Consejo de Ministros dio cuenta de su intención de actuar en estas fronteras en un acuerdo del 18 de enero que aprobó un Plan de medidas para el refuerzo y modernización del sistema de protección fronteriza terrestre en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. En el se constataba el «importante grado de obsolescencia y deterioro» de la instalación actual y contemplaba actuaciones a corto y medio plazo. Sin dinero Ese plan se aprobó con la mención a un presupuesto de 32,7 millones, en principio susceptible de ser subvencionado por la UE en un 75%, pero lo cierto es que en la reseña del Ministerio del Interior sobre sus propios presupuestos para 2019 -los que nunca obtuvieron respaldo suficiente en el Congreso y terminaron desencadenando el adelanto de los comicios generales- no se hace alusión a dotación económica alguna para ejecutar lo que Grande-Marlaska lleva anunciando desde su incorporación al Gobierno. Sorprende esta ausencia, tratándose de lo que ha sido una apuesta estrella del departamento. En alusión a lo aprobado ese 18 de enero, el resumen ministerial sobre las que iban a ser sus cuentas sí habla expresamente de una inversión de 850 millones, pero para comisarías de Policía y Guardia Civil (600 millones) y reforma de Centros de Internamiento de Extranjeros (los CIES, 33 millones) y centros penitenciarios (217 millones), lo que hace pensar que las actuaciones en la frontera tendrán que esperar a 2020.
  3. No es fácil para el teniente general retirado José Mena romper su silencio. El que mantiene desde que publicó su libro «Los límites del silencio» en 2008, dos años después de que el ministro de Defensa José Bono lo cesara por el discurso que pronunció en Sevilla en 2006 en el acto de la Pascua Militar. Entonces, alertó sobre el peligro que suponía el Estatuto catalán, ante la posibilidad de que rebasara los límites de la Constitución. Afirmó que, si esa circunstancia se produjera, las Fuerzas Armadas tendrían que «defender» la integridad de España. La situación actual de España y la posibilidad de que Pedro Sánchez gane las elecciones y siga haciendo concesiones a los separatistas poniendo en «peligro la unidad nacional» le ha llevado a pronunciarse abiertamente sobre estas elecciones. -¿Han pasado trece años del polémico discurso que pronunció en la Pascua Militar de 2006, por el que fue cesado, arrestado y pasado a la reserva. ¿Mantiene hoy lo que manifestó entonces? -Por supuesto, y con mayor rotundidad. -¿La preocupación que había por las consecuencias que para la unidad de España podría tener el Estatuto de Cataluña, se han visto confirmadas? ¿Qué consecuencias ha tenido? -Estamos mucho peor que hace trece años. La sociedad catalana está prácticamente dividida en dos bloques antagónicos enfrentados y de difícil reconciliación. -¿Existe un riesgo real de que España deje de ser una nación como la hemos conocido? -Rotundamente, no. A pesar del peligro que representa para España el actual presidente del Gobierno, tenemos una Constitución suficientemente blindada, que se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española. -¿Dónde sitúa el punto de inflexión del auge del independentismo? -El primer punto de inflexión de la tendencia fue el presidente Zapatero que prometió aceptar el estatuto de autonomía que saliese del parlamento catalán. El segundo coincidide con la presidencia de Pedro Sánchez. -¿Qué línea roja no debería traspasar un presidente de Gobierno? -Está claramente marcada por la Constitución. Afortunadamente no se traspasó entonces, ni se ha traspasado hasta el momento, ni veo posible que pueda saltarse, aunque sí veo el peligro de concesiones a los separatistas que puedan debilitar gravemente al Estado español. -¿Es un riesgo para España que Pedro Sánchez continúe al frente del Gobierno? -Me ha llamado poderosamente la atención su declaración, referida a Cataluña: «Mientras yo sea presidente no habrá independencia ni referéndum de autodeterminación», como si tuviese atribuciones para ello; una prueba más de su falsedad y egolatría. Si tuviese que depender de partidos independentistas o abertzales para gobernar podría convertirse en un serio peligro para España. Creo que su continuidad no es buena. -¿Cree que hay muchos españoles de derecha que están pensando más en castigar al Partido Popular que en el futuro del país? ¿Qué le diría a estos votantes? -No es conveniente recurrir al voto de castigo porque uno se sienta descontento o agraviado, porque España está por encima de los intereses personales y de partido. Por el bien de España, en estas elecciones hay que estar dispuesto a renunciar a ideales y valores. El voto útil, en según qué provincias, es aquel que contribuya a sacar a Pedro Sánchez de La Moncloa. En el Congreso, el voto útil es para el partido de centro-derecha que mejor resultado puede obtener en su provincia. En el Senado, la fórmula 1+1+1 solo podría dar el control al centro derecha en el caso de que la aplicase la inmensa mayoría de los votantes de los tres partidos. Antes de aplicar esta regla hay que tener en cuenta los 48 senadores que eligen los parlamentos autonómicos. A todos le daría un consejo: ¡A votar... pensando en España! -¿Cómo interpreta la irrupción en política de militares? ¿Hay razones que la justifican? -No se necesita razón alguna para justificar esta irrupción. Los militares retirados han roto sus relaciones profesionales con las Fuerzas Armadas, a las que no representan en su nueva etapa; es muy importante que la sociedad entienda esto. Por tanto, los seis generales que se presentan a las elecciones están en su derecho de hacerlo. -¿Es bueno que hayan dado el salto a la política? -Conozco personalmente a algunos de los seis generales, y a los demás por referencias. Todos tienen un currículo militar y civil muy superior a la media de los parlamentarios. Cuentan con un bagaje que se debe aprovechar. Van a ser ejemplo de responsabilidad, dedicación, espíritu de sacrificio, moderación, honradez, austeridad y buena presencia, que hace mucha falta. «Me han tanteado para entrar en política» El teniente general no ha escapado del interés de algunas formaciones políticas por contar con él en estas elecciones. Él no lo niega, aunque prefiere no desvelar las siglas de los que han intentado contactar para que, de alguna u otra manera, dé el salto a la política. En esta entrevista concedida a ABC, Mena afirma que «es verdad que me han tanteado por personas interpuestas, pero no para figurar en las listas electorales». Y mantiene su discreción: «Permítame que en este tema mantenga la confidencialidad que he exigido, y a la que me he comprometido».